Que suene la música

Empiece la música

Si tuviéramos que imaginar una escena motivadora para encarar el inicio de este curso, es seguro que estaría acompañada de una buena banda sonora porque no hay nada mejor que la Música para complementar una imagen.

Podría ser una melodía trepidante que acompasara las urgencias del estreno que vivimos: clase nueva, diferentes compañeros… O tal vez un pelín melancólica, por aquello de la despedida de un verano que está a punto de perderse en las rutinas recobradas. Quizá debería estar plagada de ritmos variados para dar a lo habitual su propia dinámica. Incluso ser aventurera o con una intrigante cadencia que le proporcionara su punto de suspense.

Hay muchas músicas posibles para este nuevo tiempo que comienza y seguramente podrían decirnos mucho más sobre lo que sentimos de lo que podemos formular con palabras. Y es que, como decía el escritor Aldous Huxley,  “la música es, después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable” Por eso tiene tanto y tan magnífico poder. Porque ese maravilloso lenguaje universal pone palabras a casi todos los sentimientos, despierta nuestras emociones, describe nuestros estados de ánimo y es capaz de llegar a nuestros corazones haciéndolos vibrar al compás que necesitan en cada momento de la vida.

Al cantar o escuchar una misma canción, al formar parte de un coro, incluso tan solo estando presentes en la misma sala en la que se interpreta una melodía, nuestras vidas se hermanan con las otras y comparten unos instantes de su historia, construyendo un momento único y dejando que las mismas emociones hablen a corazones muy diversos, tal vez de generaciones diferentes, distintos lugares o ideologías. No es necesario que haya más cosas en común que participar de un mismo sentimiento cuando apela a lo más hondo de nosotros mismos. Y pueden llegar a generarse vínculos muy grandes a través de las letras y las melodías de canciones compartidas porque, al cantarlas, interpretarlas o escucharlas y vibrar con ellas, estamos expresando la misma alabanza, la misma denuncia, los mismos miedos, deseos o sueños que los otros, personas cercanas o lejanas a las que una misma música convierte en comunidad de sentimientos.

Y qué decir de lo que la música puede aportar a la inteligencia, la creatividad, la sensibilidad o la interiorización. Facilitando a nuestros pequeños una educación musical temprana, estamos abriendo sus mentes al dominio de un poderoso lenguaje que les ayudará a profundizar en sus sentimientos y, si llegan algún día a interpretarla, a transmitirlos a los demás con toda la fuerza y la pasión que solo la música es capaz de trasladar.

 Es verdad que hay distintos tipos de música y que algunas consiguen hacer crecer más que otras. Y es real que también las hay con letras denigrantes y ofensivas. Por eso es necesario enseñar a los pequeños a discernir entre lo que se puede y no se puede cantar, por muy pegadizo que sea el ritmo que acompaña. Educar el gusto musical y, sobre todo, la conciencia para impedir que banalicen lo que dicen algunas canciones dando por bueno todo lo que sea bailable, les ayudará a distinguir el barro y apuntar más certeramente a las estrellas que brillan en la mayor parte de las composiciones musicales de hoy y de siempre.

Y por eso mismo, invitarles a escuchar música desde bien pequeños, animarles a cantar, poner en sus manos un instrumento alentándoles a interpretarlo es darles la oportunidad de descubrir el arte y la belleza, el talento y la creatividad. Es, seguro, poner en sus manos lenguajes para el entendimiento y la emoción y herramientas para construir su mundo y hacer comunidad.

Porque la música puede hablar a los corazones, desperezar los cuerpos hasta  hacerlos bailar y prestar su voz a los sentimientos que no sabemos expresar. Por todo eso y por su conmovedora capacidad para hermanar, hagámonos el propósito de estimular en nuestros pequeños el gusto musical, de escuchar buenas melodías en este curso que comienza, de poner música a lo que acontece y dejar que cale en nuestro interior para que vuelva a brotar como una nueva melodía al salir de nuestras manos o nuestra voz. Música para todos, que haga nuestra vida más intensa, ponga pasión o sosiego a nuestras cosas y se transforme en la banda sonora que precisamos para convertirnos en los mejores artistas o en los indispensables instrumentos para la construcción de un mundo mejor.

Y ya que estamos, si podemos elegir, que sea evocadora, polifónica, épica…, gloriosa.

Música de fiesta. Música para el encuentro.

De Barro y Estrellas