Al reconocer la libertad

Articulo_libertad_julio19

El verano se va perfilando, a medida que avanza, como ese tiempo adorablemente desordenado en el que el sol brilla más de la cuenta y las noches se alargan para aliviar el calor, dejando el reloj detenido. O avanzado al ritmo de una banda sonora sin horarios, libre al fin de obligaciones y cotidianeidad.

Han llegado las ansiadas vacaciones y nos convertimos en los amos de nuestros días. Tenemos, más o menos, potestad para perder de vista la rutina del invierno y hacer lo que nos gusta, elegir a dónde queremos ir y distribuir las horas o dejar que corran tan despacio o tan deprisa como lo que hacemos. Podría ser mar o montaña, pueblo o ciudad, senderismo, lectura, miles de aventuras o maravilloso descanso sobre una tumbona contemplando el mar… Da igual lo que elijamos mientras nos acerque a esa maravillosa experiencia del veraneo que asociamos sin quererlo a algo aún más grande, la ansiada libertad, esa gran palabra que esconde todo un enigma en su interior.

Porque, más de una vez, cuando nos sentimos más libres no es precisamente cuando hacemos lo que nos apetece sino lo que elegimos hacer teniendo en cuenta al otro, a nosotros mismos y a nuestra responsabilidad. Y es que, si nos detenemos un poco a reflexionar sobre el asunto, quizás no hemos podido elegir del todo lo que haríamos en estos días de vacaciones. En realidad, hemos tenido que acomodarnos a las circunstancias o a un presupuesto, a las edades de los niños o a la enfermedad del abuelo. Tal vez tampoco podamos volvernos demasiado caóticos y tengamos que mantener algunas rutinas. Es más, seguro que muchas de las cosas que nos resultan a diario una pesadez acaban colándose también en nuestras vacaciones sin que podamos evitarlo.

Pero algo cambia. Nos sentimos libres, abiertos al encuentro con los otros, a vivir con intensidad aquello que nos toca y sacarle el jugo más sabroso, el que dejará en nosotros poso para soportar las ataduras del invierno. Es gracias a que hemos aprendido a reconocer la libertad en lo pequeño y a que, en el fondo, sabemos bien que no se puede alcanzar sin responsabilidad porque el significado de esa maravillosa palabra es mucho más profundo y más complejo de lo que parece. Lejos de expresar hacer lo que a uno le dé la gana, tiene que ver con ir aceptando lo que nos toca y tomar desde ahí partido por las cosas, las personas, las propias limitaciones y todo aquello por lo que merece la pena sacrificarse para volar. Sí, porque el sacrificio también forma parte del concepto. Y el compromiso, y la renuncia, y la exigencia.  Tener en cuenta al otro, renunciar para llegar y pisar el barro, forman parte también de ese inmenso regalo que es poder elegir, hacer una apuesta y luchar por ella con todas las fuerzas.

Y podemos elegir ser felices, apuntar a las estrellas con las cosas que nos pasan, desembarazarnos de tanta atadura superficial que nada tiene que ver con la auténtica libertad de un día saboreado hasta el extremo, con las cosas más sencillas y cerca de los que amamos.  

Esa es la libertad de la que podríamos hablar a nuestros niños en estos días sin ceñir, en este aire de verano que tan propicio se hace al vuelo y a la libertad que vamos conquistando a lo largo de nuestra propia historia al tomar partido por las cosas y las personas que nos rodean. Y decirles también que podemos elegir aquello que da verdadero sentido a nuestras vidas, mientras aprendemos a disfrutar de lo que tenemos y a dar gracias por ello.

 También ellos deberían sentirse liberados para volar un día, aun en medio de las tempestades y sin moverse del sitio. Ojalá podamos descubrirles que serán libres cuando su espíritu y su alma lo sean, porque estarán donde deben, haciendo aquello que hayan elegido y poniendo luz a su vuelo, sea el que sea.

Eso sí, sintiéndose acompañados y queridos para acercarse a lo que de verdad libera.

“Porque si logras mirar más allá del tiempo y del espacio

De los números, de los colores y las formas

Hay un segundo en el que todo cobra sentido

Y hasta el miedo desaparece

Al fondo, entre las sombras, la luz ha dibujado una frase

No estás solo en este mundo”

Estrofa de la canción Himno Nacional

La M.O.D.A

De Barro y Estrellas