Tiempo para dar

Largos los días y, en su horizonte, tiempo a manos llenas para relajarse, para jugar, para bañarse y disfrutar de los amigos, para ir al pueblo, correr por la plaza en interminables anocheceres de calor y no tener que madrugar. Ha llegado, ahora sí, el momento de gozar del merecido descanso, ganado a pulso tras un curso que parecía no tener fin pero que ya se ha quedado bien atrás en la memoria de los días.

Y es que el verano viene siempre pisando fuerte para cambiar todos los ritmos, trastocando las rutinas, los horarios, volviendo loco a más de uno que no sabe cómo compaginar las vacaciones escolares con un calendario laboral que tiene los descansos mucho más reducidos. Campamentos, cursos de verano o la inestimable ayuda de los abuelos y los tíos,  dispuestos a echar una mano y hacerse cargo de los niños. Cada uno se organiza como puede y, aunque las opciones sean diferentes,  debería ser común aquello que deseamos: que este tiempo nunca sea tiempo perdido para los pequeños y que las experiencias que vivan en él sigan ayudándoles a crecer como personas.

Hay todo tipo de formas de organizar el ocio, incluso de no organizarlo y esperar que el día pase frente a la pantalla de una tablet, un ordenador, una tele o un teléfono móvil. No hay nada malo en dedicar alguna hora a estas actividades que en período de cole están más restringidas, pero todos sabemos que son tan adictivas y mantienen a los niños tan fijos a la pantalla que corremos el riesgo de olvidarnos de incluir otras cosas en su día.

Pueden también pasar las horas recibiendo atenciones, cursos y estímulos externos diversos, dejando que sean otros quienes se den a ellos…  ¡Pero hace tanto bien enseñarles que el tiempo también puede ser para entregarse!

Invitarles a vivir mirando hacia los demás, saliendo de su propia realidad para dar su tiempo a otros, es quizá la mejor forma de hacer que su verano cunda de verdad. No es necesario plantear cosas extraordinarias, solo animarles a acompañar, ayudar, integrar y querer mucho, inculcándoles el sentido de la responsabilidad hacia los otros y hacia ese gran regalo que es el tiempo concedido.

Enseñarles desde su más tierna infancia que el tiempo es limitado, y por tanto extraordinario, es enseñarles a vivir, a saber que hay que sacar provecho de cada instante y que en darlo está quizás una de las mayores satisfacciones de la vida. Acompañar a los abuelos, escuchar sus historias, dedicar algunas horas a ayudar a mamá y papá, tener una responsabilidad hacia los hermanos, integrarlos en nuestros juegos, buscar aficiones para compartir o realizar alguna actividad que, para variar, beneficie a otros más que a nosotros mismos, pueden ser cosas que ayuden a dar un toque diferente a este verano y les muevan a salir de la tendencia al barro de comodidades y egoísmos para poner algo de luz de estrella en los demás.

No hay excusa. Es verano y tenemos tiempo. ¡Que sea tiempo para dar!

 

Comunicación Corazón de María