El privilegio de la educación

En estos últimos días de abril se celebra en todo el mundo la Semana de Acción Mundial por la Educación, una campaña de sensibilización internacional en la que participan 124 países para reclamar el cumplimiento del Derecho a una Educación Universal y de Calidad.

Sí.  Todavía en pleno 2018 son necesarias acciones como estas.

Según el Instituto de Estadística de la Unesco, 121 millones de niños menores de 14 años se encuentran sin escolarizar y más de la mitad de ellos, sobre todo si son niñas, jamás llegarán a pisar una escuela. La situación se agrava de los 14 a los 17 y ni que decir tiene que el porcentaje se triplica en zonas de conflicto y entre el colectivo cada vez mayor de niños refugiados.

Las cifras son de vértigo, sobre todo para los primermundistas, así que se hace necesario detenerse y respirar bien hondo para llenar nuestras gargantas de agradecimiento y nuestros corazones del propósito de no olvidar lo que la Educación tiene de privilegio.

Es natural que lo que nos ocurrió a nosotros en nuestra infancia les ocurra ahora a nuestros niños. De nuestro barro es levantarse con pocas ganas de ir a clase, protestar por el examen de primera hora y dejarse llamar por la pereza, el aburrimiento y la desmotivación. O tal vez por la angustia desmedida y una excesiva competitividad que arrastra a la frustración, la falta de compañerismo o la envidia.

Y es que, uno casi nunca tiende a ver lo cotidiano como algo extraordinario. Hasta que dejamos brillar esa chispa de lucidez que nos advierte que podíamos haber nacido al otro lado de la estadística. Aún peor, nuestros niños podrían ser los rostros infantiles que con tanta facilidad se convierten en las cifras.

Somos privilegiados, nuestros pequeños lo son, así que no nos cansemos de dar gracias y saquemos a relucir nuestras estrellas para enseñarles a asistir a clase con alegría. Afrontar el cole como un regalo, aprender a disfrutarlo y a descubrir con asombro lo que propone podría ser la mejor acción para esta SAME 2018.

Nuestros peques se merecen la verdad. Y la verdad es que tienen una inmensa fortuna, un tesoro que no todo el mundo alcanza y que les llevará a hacerse grandes como individuos y como sociedad. Alentarles en sus pequeñas luchas cotidianas animándoles a caer en la cuenta de su fortuna y avivando su interés por acceder al conocimiento, como quien tiene la suerte de alcanzar algo extraordinario, les llevará a disfrutar de su etapa educativa y les dará también razones para comprometerse con su futuro.

Conscientes del privilegio de su educación, llegarán un día a luchar porque ese inmenso capital que ellos  poseen alcance  a los niños de todo el planeta.

 

Fdo. Comunicación Corazón de María