Mundos de papel

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Con las primeras medidas de desescalada de esta extraña realidad que vivimos, reabren las bibliotecas y todas aquellas librerías que, secándose el sudor de la frente por haber sobrevivido al cierre, volverán a proponernos nuevas aventuras a través de los libros. Lo harán quizá con muchas dificultades pero con la misma pasión de siempre, sabiendo que son depositarias de auténticos mundos recogidos en papel y que los libros, ya sean novelas o teatro, ensayos, poesía, cuentos, estudios críticos o tratados de cualquier conocimiento, esconden un gran tesoro: Son esa puerta giratoria capaz de trasladarnos al mundo exterior para devolvernos hacia adentro cargados de realidades asombrosamente desconocidas.

Es verdad que hay toda una oferta virtual que promueve la lectura a través de internet y que en estos días de confinamiento no nos han faltado cosas que leer, bien porque nos hemos lanzado a la lectura digital o porque teníamos en la estantería algunos de esas eternas obras en busca de tiempo y oportunidad.

En todo caso, sigue siendo una gran noticia que los espacios que promueven la lectura se abran físicamente en nuestros pueblos y ciudades, invitándonos a recorrer pasillos y estanterías para acercarnos a curiosear y posar nuestros ojos en lomos catalogados y bien dispuestos. O deambular por territorios desordenados, con grandes mesas repletas de libros de todos los tamaños que hacen algo más difícil elegir pero despiertan, con su esencia de encantadores mercadillos, la voracidad y el anhelo de nuevas lecturas.

Y qué decir del olor, el tacto del papel, el sonido de las páginas pasando por nuestros dedos. O el peso y el volumen de la encuadernación que nos hablarán, ya a primera vista, del tiempo que tendremos que invertir en su lectura o la ligereza con que algunas palabras escogidas serán capaces de transmitirnos una idea, sin restar profundidad a la historia de la que surjan.

Esa pasión por el libro físico o las librerías que a tantos nos desborda, supone, sin embargo, una parte mínima de lo que el libro es, una parte que se aprende a reconocer con el tiempo y el amor por la lectura. Ojalá nuestros niños sean mañana grandes enamorados de las librerías. Aunque también podrán decantarse por el libro electrónico o en cualquier soporte digital. Quién sabe. Lo verdaderamente importante será, sin ninguna duda, que lean.

Y lo harán si desde bien pequeños les ayudamos a descubrir los muchos mundos que habitan en los libros y esa extraordinaria oportunidad que supone zambullirse en ellos sin necesidad de presupuesto y sin moverse del sofá.

Aprenderán que se pueden vivir innumerables aventuras en lugares remotos y junto a personajes extraordinarios y que todas esas historias abrirán su mirada a un universo de posibilidades también nuevas, tanto fuera de su entorno y de su mundo como dentro de ellos mismos. Aprenderán a pensar, a imaginar, a crear de un modo más atrevido, a ser críticos y comprometidos con las historias que les sobrecojan. Reconocerán nuevas ideas que despertarán en su interior un millón de sensaciones. Pondrán palabras a las cosas que ya intuían pero no sabían cómo nombrar. Conocerán el mundo y sus contradicciones, sus muchos barros y sus cielos cuajados de estrellas. Incluso contribuirán a fomentar la cultura con sus recomendaciones sobre la obra que les haya hecho soñar o consiga despertar en ellos una mente artística e inspiradora.

Porque ahí está lo más importante, leer les llevará a soñar. Incluso con aquello que les estaría vedado de otro modo. Y esos sueños y esperanzas serán la puerta para proyectarse, la que les enseñará a intuir, profundizar, tomarse tiempo para conocer más, reconocer los deseos y poner palabras a los anhelos del corazón. Despertará su asombro y su curiosidad. Les alentará a volar alto, a no poner límite a la imaginación. Les llevará a crecer, a creer, a reconocer también las propias dudas. Y a vivir lo que encuentren con pasión y poner todo su talento a disposición de una verdad mucho más grande y tal vez más desnuda.

Pongamos libros en sus ojos y en sus manos. Serán más fuertes, compartirán con generosidad lo que descubran y, gracias a las vidas que otros vivieron y a las palabras y las historias que los grandes autores les regalaron, su mente se nutrirá de una sabiduría valerosa y su alma, sin duda, de mayor riqueza.