Tiempos diferentes

tiempos_dificiles

Todo es nuevo. Juntos y en casa, encerrados en esta especie de pesadilla colectiva en la que se impone, a pesar de todo, el optimismo y la conciencia de comunidad.

Frente a una sociedad sumergida en la prisa, individualista y sin noción de lo que la vida tiene de milagro, de pronto ha llegado el coronavirus y ha cambiado nuestras perspectivas. Lo que era inaplazable se ha convertido en prescindible. Lo que era inamovible, puede tener ahora una flexibilidad inusitada y lo que era solo nuestro, es un poco más de todos, porque es entre todos como debemos vencer esta pandemia y la que vendrá detrás, la de una sociedad empobrecida que tendrá que reinventarse para renacer.

Es desinstalándonos de lo cotidiano y poniéndonos al frente de retos absolutamente nuevos como mejor se conoce a una sociedad y a las personas que la forman, porque es cuando salen a relucir egoísmos o generosidad, valor o cobardía, nerviosismo o templanza. Por eso es importante que aprovechemos este tiempo que nos toca vivir para hacer un verdadero canto a la esperanza y una oportunidad educativa sin precedentes. Hay que tener en cuenta que esos bajitos que rondan por nuestras casas y nuestras vidas, no pueden evitar estar al tanto de lo que hablamos y nos observan con atención para apuntarse sin dudarlo al carro de los miedos, las banalizaciones o la forma que tenemos los mayores de afrontar este tiempo nuevo y los retos que plantea.

Y esta es, sin duda, una de esas veces que se transforma en posibilidad para que las mejores estrellas que atesoramos salgan a relucir entre los barros de la enfermedad, el encierro y el miedo. Estrellas de solidaridad, compañía, sosiego o incluso acción. Porque este tiempo, dramático para algunos y complicado para la mayoría, está también repleto de oportunidades para ayudar a los demás, mostrarse empático y convertirse en ejemplo para toda una generación de cómo comportarse ante una situación excepcional.

El confinamiento, la higiene personal o el distanciamiento social al que obliga una epidemia, no implican en ningún caso desentenderse de los demás. Y, sobre todo ahora que podemos estar conectados y hacernos presentes en cualquier lugar, uno puede ayudar de muchas maneras, aun estando aislado en casa.

Distraer y distraerse para evitar que todas las conversaciones giren en torno al coronavirus, ser creativos, instaurar nuevas rutinas para que la monotonía no melle el ánimo, compartir nuestros recursos con los demás a través de internet o buscando fórmulas seguras e imaginativas de cooperar, facilitar el trabajo desde casa a los que nos rodean, cumplir con nuestras obligaciones sin confundir la cuarentena con unas vacaciones y estar al tanto de las necesidades de nuestros vecinos, son mínimos exigibles a cualquier edad.

Y, por supuesto, si hemos sido educados para la responsabilidad, la generosidad y el bien, sabremos ya que este virus no afecta a todos por igual y que hay personas que se encuentran solas, enfermas o con miedo y en una situación peor que la nuestra. Por eso podemos elegir sacar al héroe que todos llevamos dentro para ser portadores de esperanza ayudando en esta nueva cotidianeidad con nuestras llamadas, nuestra sonrisa, nuestra creatividad o nuestro saber estar.

Es en la libertad individual y en la actitud que tomamos ante lo que acontece en dónde damos la medida de nuestra grandeza y nos convertimos en auténticos guerreros contra un mal que no será tan fiero cuando consigamos sumar todas las fuerzas, haciendo de lo excepcional una oportunidad para la esperanza y de nuestra conciencia y nuestra fortaleza de ánimo el arma más valerosa para triunfar.

De Barro y Estrellas