De ti depende, de mí depende

Responsabilidad_vuelta al cole

Ahora que se acerca un inicio de curso lleno de incertidumbres, qué bueno sería aprovechar los coletazos del verano para charlar con nuestros pequeños sobre algo que va a jugar un papel importantísimo en el futuro inmediato: la responsabilidad individual. Será vital, desde luego, para la contención del virus que nos acecha. Pero también es importante cultivarla ante cualquier circunstancia porque puede convertirse en  la mejor armadura para una vida llena de batallas a las que unirnos o de las que desertar, dependiendo de lo implicados que lleguemos a sentirnos. ¿Esto que ocurre, va con nosotros o nos queda lejos?, ¿tenemos algo o nada que hacer frente a lo que acontece?, ¿valen de algo nuestras pequeñas acciones ante un mundo que rema en contra? Quizá el planteamiento de todas estas preguntas sea beneficioso a cualquier edad, porque niños y grandes nos enfrentamos mejor a los acontecimientos cuando comprendemos sus implicaciones, las consecuencias de tomar algunas decisiones, por triviales que parezcan, y de cumplir o no hacerlo con lo que se espera de nosotros.  Ejemplos adaptados y un lenguaje acorde al interlocutor pueden resultar mucho más poderosos que un «porque sí», el “porque está prohibido» o el «porque es obligatorio“ que tan mal sientan a determinadas edades en las que no hacen sino invitar a la rebelión.

Una razón entendible es siempre más potente que un puñetazo en la mesa. Y comprender que no estamos solos, que todo está conectado, que nuestras acciones van más allá de nosotros mismos, es la base del respeto hacia los demás y hacia el mundo que compartimos.

Nadie tiene todas las respuestas. Frente a las nuevas amenazas todos podemos estar muy perdidos pero hay algo que  nunca falla: ponerse en la piel del otro, imaginar lo que ocurriría si es a nosotros  a los que toca más de cerca cualquier ramal de esta crisis y medir en clave de nombres propios lo que nuestra dejación puede provocar en las personas y el entorno. Y no nos engañemos, a veces no se trata sólo de fiarse a pies juntillas de lo que nos mandan hacer porque algún experto lo ha decidido. Podemos creer más o menos en la eficacia de las medidas que se nos imponen y tener una cercanía enorme o prácticamente nula con los responsables que nos las dictan, pero siempre deberá primar en nosotros el respeto y el sentido común en una batalla en la que lo más importante podría estar en ir todos a una, para comprobar que las normas resultan eficaces cumplidas al unísono.

Cuando el guirigay es mayor, cuando las voces contradictorias se activan y consiguen confundirnos, es cuando más trascendente se vuelve la respuesta individual.  Y es aquí donde el sentido de la responsabilidad que hayamos sabido inculcar se torna más poderoso. El despertar a la libertad de acción y a la posibilidad de elección debe ir siempre acompañado de un profundo sentido de comunidad, de la experiencia del prójimo  que comparte conmigo su destino, y más aún, de la vivencia de algo muy cercano a la fraternidad cuando ese otro es además alguien que sufre en el mismo plano que podría estar haciéndolo yo. Porque aunque no conozca ni su nombre, aunque no vivamos en la misma zona ni tengamos la misma edad, su camino y su vida están ligados a los míos y su fortuna, como la mía, podría depender tan sólo de uno de nuestros gestos, por eso es importante meditarlos bien.

De eso se trata, al fin y al cabo, de no dejarnos llevar por el cansancio, la frustración, el miedo o la corriente. Y de saber que, aun teniendo posibilidad de elegir, estamos llamados a distinguir lo que puede aportar más barro o más estrellas a esta crisis. No basta con hacer o dejar de hacer, hay que actuar con plena conciencia, con información contrastada y sentido del deber para garantizar el bien común.

Defender la vida de los otros es defender nuestra propia vida. Y si no podemos demostrar lo contrario ni tenemos argumentos ciertos para rebatir lo establecido, aun cuando dudemos de su eficacia, tendremos que respetarlo. Eso sí, nadie podrá hurtarnos la posibilidad de trabajar incansablemente para encontrar nuevos caminos y, estableciendo otros criterios,   construir  horizontes que permitan el bienestar de todos.

Esa será la verdadera  responsabilidad individual, la que nos invite a seguir construyendo en conciencia, desde el respeto y la fraternidad.

De Barro y Estrellas